La automatización de la construcción ha logrado éxito principalmente en dos categorías: tareas realizadas en fábricas y procesos on-site repetitivos. Un análisis histórico basado en miles de revistas especializadas revela que la mayoría de los intentos de automatización han fracasado, limitados a estos dos modelos. La primera categoría incluye la fabricación de acero, hormigón prefabricado y ventanas, donde los componentes se producen fuera del sitio de obra. La segunda abarca tareas on-site que funcionan como líneas de montaje, como el asfalto o el hormigón, donde máquinas siguen trayectorias simples y repetitivas. Este enfoque explica la persistencia de la construcción intensiva en mano de obra, que representa cerca del 50% del coste de una vivienda en EE. UU., frente al 6-8% de la fabricación de automóviles. La distinción entre automatización y mecanización es crucial: mientras una herramienta eléctrica requiere dirección humana continua, la automatización implica que la máquina ejecute la tarea sin intervención directa. Ejemplos históricos como la planta de prefabricados de Levitt and Sons en los años 70 demuestran que, al trasladar el proceso a un entorno controlado, la automatización es viable, aunque su adopción generalizada sigue siendo limitada por la complejidad de las tareas on-site no lineales.
