La atestación remota es una tecnología diseñada para verificar el software ejecutado en un dispositivo, pero su implementación actual funciona como un mecanismo de control restrictivo. Aunque se presenta como una solución de seguridad, su función principal permite a terceros, como Google o Apple, dictar qué aplicaciones pueden ejecutarse en un dispositivo que el usuario debe poseer. Esta práctica elimina la autonomía del usuario, impidiendo el uso de sistemas operativos modificados, emuladores o alternativas que no sean aprobadas por la autoridad tecnológica, lo que limita la interoperabilidad y la libertad de elección.
Ejemplos notables incluyen Google Play Integrity, utilizado en aplicaciones bancarias y gubernamentales, y Apple App Attest. Estas tecnologías no son soluciones, sino que simplemente reemplazan una autoridad de control por otra, manteniendo la restricción centralizada. El autor argumenta que la seguridad debe servir al usuario, no a la entidad que ejerce el control sobre su dispositivo. La atestación remota convierte al usuario en un mero espectador de las decisiones de software, vulnerando la autonomía corporal y digital. Por ello, se concluye que esta tecnología debe ser objeto de rechazo total, ya que no hay casos de uso que justifiquen la pérdida de control total sobre los dispositivos personales, que deben permanecer bajo la exclusividad del usuario.
