La arquitectura katamari describe la tendencia de los agentes de desarrollo basados en modelos de lenguaje de gran escala (LLM) a generar código sin una estructura cohercente, acumulando características ad hoc sin atención a la composición. Este fenómeno, comparado con el juego Katamari Damacy, surge porque los LLM tienden a tomar el camino más corto para cumplir con las instrucciones, añadiendo funcionalidades sin considerar cómo se integran con el resto del sistema. A diferencia de la arquitectura Big Ball of Mud, que se atribuye a factores humanos como el tiempo, el coste o la falta de experiencia, los LLM no sufren las mismas limitaciones operativas. Sin embargo, su falta de habilidad técnica específica y la alta complejidad de sus errores dificultan la detección de fallos. Además, la generación masiva de código reduce la visibilidad técnica, impidiendo que los desarrolladores lean el código generado, lo que impide la corrección de errores. El cambio también es un factor crítico: los LLM tienden a acumular cambios sobre la arquitectura existente en lugar de rediseñar el núcleo del sistema, lo que lleva a una base de código obsoleta y difícil de mantener. Aunque los LLM aceleran el desarrollo, su incapacidad para gestionar la complejidad estructural y la visibilidad técnica convierte la arquitectura katamari en un problema persistente que requiere estrategias de gestión específicas para mitigar el desorden técnico.
