La jefa de investigación de la Armada de Estados Unidos, Rachel Riley, ha impulsado un giro doctrinal en la Oficina de Investigación Naval: ordena dejar de copiar lo que la industria privada ya desarrolla y reservar el dinero público para capacidades sin mercado civil. Su mensaje, expuesto en el medio Defense, resume la nueva máxima institucional: "la velocidad es la palabra del año". En su lugar, el Pentágono debe detectar huecos, financiarlos y permitir que el sector privado ejecute el resto.
El criterio se aplica con claridad en el ámbito submarino: como recordó Riley, no existe demanda comercial de "tubos muy silenciosos que se muevan bajo el agua durante mucho tiempo", es decir, submarinos. Esta prioridad cobra especial relevancia en 2026, con el acuerdo AUKUS en marcha y la guerra submarina en el Indo-Pacífico frente a China como eje estratégico.
La Armada busca acortar los plazos entre prototipo y despliegue operativo. El dron autónomo Saronic Corsair ilustra el modelo: pasó de la primera prueba al rescate real de dos pilotos de un Apache en Omán en solo cuatro meses, según la Defense Innovation Unit. Otro referente es el Sea Hunter, que tardó casi una década en pasar de experimento DARPA a activo de la flota, un retraso que la nueva estrategia pretende evitar.
Riley y Jarred Conley, de la DIU, coinciden en que el próximo salto es el control de enjambres de drones por un solo operador, doctrina que la Armada ya estudia a partir de la organización de insectos y aves.
