La apuesta de Sarah: una inversora escéptica en el vértigo de la Singularidad

Fuentes: Sarah's Wager

En noviembre de 2025 Anthropic lanzó Claude Opus 4.5, un modelo que convirtió a las máquinas en agentes capaces de ejecutar tareas en lenguaje natural sin supervisión humana. Programadores como Andrej Karpathy, cofundador de OpenAI, afirman haber dejado de escribir código desde diciembre y delegan también tareas domésticas en asistentes como Dobby. El inversor Nat Friedman, codesirector de Meta Superintelligence Labs, dejó que un agente gestionara su salud: el sistema le enviabarecordatorios de hidratación por WhatsApp e incluso redirigió su Tesla hacia un Whole Foods para comprar un suplemento de magnesio.

En los principales laboratorios, OpenAI y Anthropic, investigadores trabajan jornadas de 16 horas y priorizan eliminar la intervención humana. Voces como la del inversor Elad Gil describen una “energía maníaca” en Silicon Valley, y Patrick Collison, cofundador de Stripe, bautizó el 1 de enero de 2026 como el “día uno” de la Singularidad.

El despliegue ha disparado los mercados: Anthropic pasó de 9.000 millones de dólares de ingresos anuales previstos a 47.000 en cinco meses, y 300.000 millones de dólares de capital riesgo se invirtieron en el primer trimestre de 2026. SpaceX salió a bolsa con una valoración de 1,75 billones. En ese contexto, Sarah Guo, fundadora del fondo Conviction y una de las inversoras más cercanas al sector —con apuestas tempranas en Baseten, Harvey, Sierra y Mistral, valoradas en más de 65.000 millones en conjunto—, se desmarca del clima eufórico y se pregunta si queda algo relevante que construir o financiar cuando los propios creadores de los modelos aspiran a levantar todas las capas superiores del ecosistema.