La aplicación Death Clock, que estima la edad de muerte de los usuarios mediante análisis de sangre, ha generado controversia por su modelo de negocio basado en la extracción de muestras biológicas. Victoria Song, revisora de The Verge, documenta su experiencia personal al someterse a 24 extracciones de sangre en seis semanas para alimentar el 'gemelo digital' de la app y sus algoritmos de IA. La herramienta, que cobra 69 dólares anuales, sugiere a los usuarios que realicen una serie de pruebas adicionales, como monitores de glucosa continuos o ultrasonidos, prometiendo una extensión de vida de 17 años si se siguen sus recomendaciones.
El artículo destaca la paradoja de que la sangre, vista como un indicador de salud, no puede predecir con certeza el envejecimiento, ya que factores como el estatus socioeconómico son determinantes. Song relata la muerte de su madre por esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que no se detectó mediante pruebas de sangre, lo que cuestiona la utilidad de estas herramientas. Además, señala que las aplicaciones de IA ofrecen interpretaciones contradictorias de los mismos resultados, generando confusión en los usuarios. La cobertura critica la comercialización de datos genéticos y médicos, argumentando que la promesa de longevidad es una estrategia de negocio que explota la vulnerabilidad de los usuarios ante la incertidumbre de la muerte.
