Microsoft ha extendido el soporte de Windows 10 hasta octubre de 2027, lo que obliga a retrasar la llegada de su sucesor. Aunque la compañía no ha confirmado nada oficialmente, analistas y medios especializados señalan que, con Windows 10 aún recibiendo actualizaciones de seguridad, el anuncio de un nuevo sistema operativo no se producirá, en el mejor de los casos, hasta 2028. El aplazamiento se debe tanto al éxito continuado de Windows 10 —que todavía conserva una base de usuarios muy amplia— como a la crisis de oferta de memoria DRAM y NAND Flash que afecta al mercado.
Esta decisión refuerza el papel de Windows 11 como sistema operativo principal de Microsoft durante más tiempo del previsto. La compañía ha reiterado su compromiso de mejorar Windows 11 en funcionalidad, rendimiento, estabilidad y diseño de interfaz, aunque persisten áreas pendientes de mejora.
En el sector se considera que un hipotético Windows 12 podría actuar como revulsivo para reactivar las ventas de PC y portátiles, como ocurrió con anteriores transiciones de la franquicia. Para ello, Microsoft tendría que incorporar funciones y tecnologías que justificasen la migración, en lugar de limitarse a una actualización incremental.
