La final del Mundial entre Argentina y España dejó una imagen difícil de encajar en el fútbol: un descanso que se extendió hasta 27 minutos, casi el doble de los 15 que fija el reglamento del IFAB, cuando la FIFA había prometido que no superaría los 11. El espectáculo reunió a Tom Cruise, Robbie Williams, Nicole Scherzinger, Laura Pausini, Jennifer Hudson, BTS, Shakira, Justin Bieber, Coldplay y a los Muppets, con Spanish Brass interpretando el himno español y María Becerra el argentino. La reacción en redes fue inmediata: Robert Smith, líder de The Cure, lo resumió con un «Aaaaaaaagh», y la BBC confirmó que no retransmitiría el show, igual que ya hiciera con la ceremonia de Qatar 2022.
El artículo de El País que sirve de base explica la estrategia: la FIFA lleva décadas intentando arraigar el fútbol en Estados Unidos y, en lugar de «futbolizar» al público estadounidense, ha optado por imponer los códigos culturales del país, desde las pausas de hidratación convertidas en más de 600 minutos de publicidad adicional hasta un intermedio calcado del Super Bowl. Gianni Infantino presumió de haber alcanzado una audiencia equivalente a «104 Super Bowls» en un mes. España ganó el título, pero la organización ya negocia con Netflix, Disney y YouTube los derechos de los Mundiales de 2030 y 2034, lo que anticipa una intensificación de ese modelo.
