La Administración de Donald Trump ha dado un paso más en su pulso comercial y tecnológico con China al prohibir la importación de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos de fabricación extranjera, junto con inversores de potencia vinculados a redes eléctricas y centros de datos. La decisión, anunciada este martes por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), se justifica, según fuentes oficiales estadounidenses, en los "riesgos inaceptables" que estos dispositivos supondrían para la seguridad nacional del país.
La medida afecta de forma directa a los robots humanoides chinos, un sector en el que China ha ganado una ventaja competitiva considerable frente a fabricantes estadounidenses como Tesla o Boston Dynamics. Empresas como UBTech Robotics han desarrollado máquinas pensadas para entornos industriales y domésticos, y ya se han posicionado en mercados occidentales con estrategias de precios agresivas. Washington ha movido ficha, por tanto, antes de que esa ventaja se traduzca en una dependencia difícil de revertir, siguiendo una lógica similar a la que ya aplicó con drones y routers extranjeros.
Pero el alcance de la prohibición va más allá de la robótica. La FCC también ha vetado la importación de inversores de potencia, los dispositivos que conectan fuentes de energía renovable y baterías con la red eléctrica y con los centros de datos que sostienen el ecosistema de inteligencia artificial (IA) estadounidense. China domina este mercado a través de gigantes como Sungrow Power Supply y Huawei, esta última ya sometida a severas sanciones por parte de Washington. Para la Administración estadounidense, permitir que estos componentes críticos dependan de fabricantes chinos abre la puerta a una vulnerabilidad estratégica, especialmente en un momento de expansión acelerada de la infraestructura de IA.
El temor de fondo, según recoge el medio especializado Xataka, no es únicamente económico. Varias agencias de inteligencia habrían advertido del riesgo de una campaña de ciberespionaje vinculada al Gobierno chino, en la línea de la operación Volt Typhoon de 2023, que expuso cómo dispositivos conectados en infraestructuras críticas podían ser explotados como vectores de ataque. En este escenario, tanto los robots conectados como los inversores representarían puertas de entrada potenciales para el espionaje o, en el peor de los casos, para un apagón intencionado.
El presidente de la FCC, Brendan Carr, defendió la decisión asegurando que la agencia está haciendo su parte para "asegurar las cadenas de suministro críticas de Estados Unidos". Desde el Capitolio, el congresista republicano John Moolenaar, presidente del Comité Selecto de la Cámara sobre China, aplaudió la medida al considerar que "protege nuestro país y refuerza la industria robótica de nuestra nación", en palabras recogidas por Nikkei Asia. El Departamento de Seguridad Nacional y el Pentágono supervisarán un proceso de aprobación condicional similar al que ya existe para los drones, lo que deja margen a los fabricantes para solicitar excepciones individuales.
No obstante, la medida también genera interrogantes sobre su impacto en la competencia global. Mientras algunos analistas prevén una adopción masiva de robots humanoides equipados con "cerebros" basados en IA, limitar la oferta china podría ralentizar esa transición en el mercado estadounidense o encarecerla. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya había advertido por separado de que las empresas chinas de IA podrían enfrentarse a sanciones por robo de propiedad intelectual, lo que sugiere que las restricciones comerciales no harán sino escalar.
De momento, se espera que la FCC exima de estas restricciones a numerosos proveedores no chinos, repitiendo el esquema utilizado con drones y routers: cerrar la puerta a Pekín sin cerrarla también a aliados industriales clave. La BBC ha contactado con la embajada china en Washington para obtener su reacción, aunque por el momento no se ha producido una respuesta pública. Todo apunta a que esta decisión no será un episodio aislado, sino un nuevo capítulo en el conflicto comercial y tecnológico que enfrenta a las dos mayores potencias del mundo, con la robótica y la inteligencia artificial como nuevos frentes de batalla.
