En el centenario de la muerte de Gustav Klimt (1862-1918) y Egon Schiele (1890-1918), la curadora Katie Hanson explora la fascinante relación entre ambos artistas austriacos. A pesar de la brecha generacional —Klimt era casi treinta años mayor—, se profesaban un respeto mutuo y un reconocimiento sincero del talento del otro. Schiele, admirador de Klimt, intercambió dibujos con él y llegó a considerarlo un refugio artístico. Sin embargo, sus estilos diferían notablemente: los dibujos de Klimt eran delicados, monocromáticos y a menudo preparatorios para pinturas, mientras que Schiele prefería acuarelas intensas y obras autónomas listas para la venta. Estas diferencias, lejos de separarlos, generan un contraste que enriquece la contemplación de su obra. El texto, extraído del libro 'Klimt and Schiele: Drawings' del Museo de Bellas Artes de Boston, invita a redescubrir la inmediatez y energía que aún conservan sus dibujos un siglo después.
Klimt y Schiele: el diálogo eterno de dos genios del dibujo
