Un desarrollador de KDE detalla su experiencia tras casi un año usando KDE Linux como sistema principal en su escritorio, tanto para trabajo como para ocio. KDE Linux es una distribución atómica e inmutable basada en Arch Linux (con experimentos en buildstream) que no incluye gestor de paquetes tradicional: las aplicaciones se instalan como flatpaks. Entre las ventajas destaca el flujo de trabajo con systemd-sysext, que permite superponer compilaciones propias sobre la imagen del sistema de forma sencilla: se compila con kde-builder, se refresca el sysext y los cambios quedan activos al instante, sin romper el sistema. El gaming con Steam Flatpak y Bottles funciona correctamente. Como puntos débiles señala la ausencia de un gestor de paquetes propio para herramientas de línea de comandos: opciones como Brew, Coldbrew o Nix presentan fricciones, por lo que acaba recurriendo a Distrobox mediante scripts propios (dbi), con la penalización de rendimiento que eso implica. También echa en menos la integración entre KMail/KOrganizer y el reloj del sistema (que el flatpak de Kontact no ofrece) y la imposibilidad de usar las hojas de estilo Union en aplicaciones flatpak. Para el usuario general que solo navega y juega, KDE Linux resulta adecuado cuando alcance versiones estables; para desarrolladores es una herramienta potente pero limitada fuera del ecosistema KDE. El autor finalmente regresa a Fedora KDE, donde la instalación nativa vía dnf le resulta más flexible para su flujo de trabajo.
