Josephine Garis Cochrane, inventora estadounidense, patentó en 1886 un lavavajillas que transformó la limpieza de vajilla en hoteles, restaurantes y hospitales. Su diseño consistía en una caldera de cobre con una rueda horizontal giratoria dotada de compartimentos de alambre ajustados al tamaño de cada pieza, lo que mantenía platos, tazas y cuencos fijos mientras una bomba impulsaba agua caliente jabonosa a presión desde la base. El sistema limpiaba alrededor de 200 piezas en pocos minutos sin frotar y finalizaba con un ciclo de secado con aire caliente integrado.
Cochrane llegó a la invención tras organizar reuniones sociales en su casa de Shelbyville, donde una vajilla de porcelana china sufría roturas frecuentes al lavarla a mano. En 1883, tras la muerte de su marido y las deudas acumuladas, se propuso desarrollar un aparato vendible a gran escala con la ayuda del mecánico George Butters. Su primer cliente fue el hotel Palmer House de Chicago en 1887, seguido por otros establecimientos del estado. En 1893, su lavavajillas obtuvo un premio en la Exposición Mundial Colombina de Chicago por su capacidad de trabajo continuo, lo que disparó los pedidos. La empresa acabó integrándose en KitchenAid y el principio de lavado por presión de agua se mantuvo como base de los modelos domésticos posteriores.
