A finales del siglo XIX, el artesano alemán John Boepple emigró a Estados Unidos tras descubrir que las conchas de mejillón de agua dulce del Medio Oeste servían para fabricar botones de perla de alta calidad. Tras probar en el río Sangamon sin éxito por el grosor insuficiente de las conchas, se instaló en Muscatine (Iowa) en 1891, donde fundó una pequeña planta con un socio financiero. Su iniciativa desató una fiebre industrial: en 1905, la localidad concentraba decenas de fábricas que producían 1.500 millones de botones al año, equivalentes a una columna de 4.665 kilómetros si se apilaran, según explica Dustin Joy, director del National Pearl Button Museum. Muscatine duplicó su población y se convirtió en el epicentro mundial de la industria del botón.
Los recolectores empleaban ganchos llamados crowfoot arrastrados por el fondo del río y, en invierno, perforaban el hielo para extraer los mejillones. Los trabajadores seleccionaban las conchas más gruesas y grandes, perforaban discos y los pulían antes de taladrarlos. La variedad de especies, como el wasboard mussel del Misisipi o el ebonyshell del Ohio, daba botones de tonos diferentes, lo que satisfacía la estética pero complicaba los pedidos uniformes.
La sobreexplotación provocó un colapso de las poblaciones de mejillón. Las fábricas arrojaban al río las conchas perforadas, restos aún visibles hoy en Keithsburg (Illinois). Los mejillones de agua dulce, además de crecer con lentitud, dependen de los peces en su fase larvaria, lo que los hace especialmente vulnerables a la contaminación y a la pérdida de hábitats. La historia de Boepple y Muscatine se expone en la muestra "From These Lands" del National Museum of Natural History de la Smithsonian, junto a más de 600 objetos representativos de los 50 estados.
