Japón y Rusia mantienen una relación diplomática anómala desde 1956, cuando restablecieron las relaciones tras la Segunda Guerra Mundial, pero nunca han firmado un tratado de paz definitivo. El obstáculo principal reside en la soberanía de cuatro islas: Habomai, Shikotan, Kunashiri y Etorofu, que Rusia controla y Japón reclama como sus Territorios del Norte. Esta disputa, que impide cerrar el capítulo bélico, se ha intensificado con la visita de Vladimir Putin a Etorofu en agosto de 2026, un acto que Tokio calificó de incompatible con su posición territorial. La tensión se ha agravado por la invasión rusa de Ucrania, lo que llevó a Japón a endurecer sus sanciones y a Rusia a suspender las negociaciones del tratado. Aunque ambos países mantienen relaciones comerciales y diplomáticas, la falta de un acuerdo final sobre las islas, cuyo valor estratégico y económico es significativo, ha congelado la normalización total de sus relaciones bilaterales.
