Tras años de espera, aplazamientos y expectativas crecientes, Jaguar Land Rover (JLR) presentó oficialmente el Range Rover eléctrico, el primer todocamino de lujo de la marca británica con propulsión íntegramente eléctrica. El modelo ya está disponible para reservas en mercados clave, con un precio de partida en Estados Unidos de 138.000 dólares (unos 140.450 dólares según otra fuente), situándose como una de las apuestas más ambiciosas del segmento premium de vehículos cero emisiones.
El vehículo incorpora dos motores eléctricos de imanes permanentes de 260 kilovatios cada uno, que en conjunto generan 542 caballos de potencia y 850 newton-metros de par, cifras que la propia compañía compara con las de un motor V8 de combustión. La energía procede de una batería de 118,5 kWh de doble apilamiento con arquitectura de 800 voltios, capaz de recargarse del 10 al 80 por ciento en apenas 22 minutos cuando se conecta a un cargador rápido de 350 kW, lo que equivale a unos 137 kilómetros de autonomía en apenas diez minutos. En cuanto a la autonomía máxima, las cifras oscilan entre las 372 millas (unos 598 kilómetros) según el ciclo WLTP y las 330 millas reales (531 kilómetros) en condiciones cotidianas.
En el apartado dinámico, el Range Rover Electric acelera de 0 a 60 millas por hora en 4,3 segundos, una marca que, sin ser la más rápida del segmento, resulta notable tratándose de un vehículo de su tamaño y peso. La tracción total se gestiona mediante un sistema electrónico que ajusta la entrega de potencia de los motores en apenas 50 milisegundos, una velocidad cien veces superior a la de los sistemas mecánicos convencionales, lo que según JLR garantiza un control óptimo sobre superficies deslizantes como hielo, barro o grava. Además, el sistema de conducción con un solo pedal permite ascender pendientes de hasta 45 grados, y la estanqueidad de la batería y los motores posibilita vadear cursos de agua de hasta 900 milímetros de profundidad.
Una de las decisiones más comentadas por la prensa especializada ha sido la apuesta de JLR por un diseño prácticamente idéntico al de los Range Rover de combustión. Tanto Wired como The Verge coinciden en destacar que la marca renunció a experimentar con estéticas futuristas y optó por mantener la silueta clásica del modelo, una estrategia que ambas publicaciones consideran acertada en un contexto donde el lujo busca ante todo familiaridad y atemporalidad.
El precio, sin embargo, sitúa al modelo en la franja más alta del mercado. En el Reino Unido, la versión básica Autobiography parte de 154.070 libras (unos 208.000 dólares), mientras que la variante SV Black de batalla larga alcanza las 225.240 libras (más de 304.000 dólares). Las versiones Ultra se comercializan bajo la fórmula 'precio bajo consulta', reservada para compradores de altísimo poder adquisitivo. En Estados Unidos, en cambio, la versión SE más accesible parte desde 138.000 dólares, a los que hay que sumar 2.550 dólares por transporte y entrega.
El lanzamiento llega en un momento delicado para el segmento de vehículos eléctricos de lujo. Las ventas de modelos como el Mercedes-Benz G eléctrico, el Porsche Macan EV o el Audi e-tron han experimentado una ralentización significativa, lo que en parte explica los sucesivos retrasos del proyecto. JLR defiende una filosofía de 'Range Rover primero, eléctrico después', confiando en que la fortaleza de la marca y su herencia off-road compensen el escepticismo del mercado. La compañía asegura haber presentado más de 300 solicitudes de patentes para este modelo, la cifra más alta para un solo vehículo en la historia de la marca, y ofrece una garantía de ocho años o 160.000 kilómetros.
El modelo se fabricará en la planta de Solihull, en el Reino Unido, junto a las versiones de combustión e híbridas. JLR ya trabaja también en el Range Rover GT, un gran turismo eléctrico basado en la nueva plataforma EMA, cuya presentación completa se espera para finales de este año.
