La comunicación es una de las infraestructuras más críticas de la sociedad moderna y, aun así, no se trata con el mismo rigor que las carreteras o la red eléctrica. Este artículo defiende que los servicios digitales de comunicación deben considerarse infraestructura y, por tanto, construirse sobre estándares abiertos que permitan interoperabilidad e independencia de proveedor.
A diferencia de aplicaciones como Signal, Wire o Threema —cuyo código puede ser abierto pero cuyo servicio opera como un jardín vallado sin interoperabilidad—, XMPP (Extensible Messaging and Presence Protocol) es un estándar desarrollado en el seno del IETF con raíces de más de 25 años, cuando el proyecto comunitario Jabber fue llevado al organismo de estandarización y rebautizado como XMPP. Su valor no reside solo en ser código abierto, sino en permitir que múltiples servidores y clientes de distintos fabricantes se comuniquen entre sí, de forma que la caída o el cambio de comportamiento de un operador no deje a los usuarios aislados.
El texto contrasta este enfoque con el de Matrix, promovido por Element: aunque se presenta como alternativa abierta, su API sigue controlada por un único proveedor, dificulta las contribuciones externas y exige grandes recursos para autoalojarlo, lo que ha llevado a administraciones públicas europeas a confundir código abierto con estándar abierto al adjudicarse plataformas mono-proveedor.
Se explica también cómo JMAP, originado en Fastmail y luego estandarizado en el IETF, ha generado al menos tres servidores independientes y múltiples clientes, mientras que Matrix permanece ligado a una implementación de referencia. La conclusión es clara: para tratar la comunicación digital como verdadera infraestructura es imprescindible adoptar y exigir estándares abiertos, y no solo productos de código abierto.
