En marzo de 1932, el financiero sueco Ivar Kreuger apareció muerto de un disparo en un hotel de París, poniendo al descubierto el mayor fraude de su época. Nacido en Kalmar en 1880, Kreuger había construido su fortuna inicial con la constructora Kreuger & Toll, especializada en hormigón armado, y a partir de 1917 consolidó la producción mundial de cerillas bajo Swedish Match, llegando a fabricar el 75% de las cerillas del planeta.
Su gran operación consistió en conceder préstamos a gobiernos europeos con problemas tras la Primera Guerra Mundial a cambio del monopolio de cerillas en cada país. Francia, Alemania, Polonia o Grecia fueron algunos de los Estados que aceptaron créditos que, en 1930, sumaban unos 387 millones de dólares. Con ese sistema obtuvo fábricas en 43 países y un control casi total en 25 de ellos, además de participaciones en bancos, minas, ferrocarriles, inmobiliarias y la empresa Ericsson.
Para sostener el flujo de capital, Kreuger emitió acciones con dividendos de hasta el 30%, que atrajeron unos 750 millones de dólares de inversores, sobre todo estadounidenses. El mecanismo era un esquema Ponzi: pagaba a los antiguos inversores con el dinero de los nuevos, sin que nadie auditara sus cuentas. El crac de 1929 cortó la entrada de capital y le llevó a falsificar bonos italianos por 80 millones de dólares.
Las auditorías posteriores revelaron deudas superiores a 1.200 millones de dólares frente a 18 millones en activos. Miles de familias perdieron sus ahorros y el Congreso de EE UU lo calificó como el mayor estafador de la historia.
