Ivan Johnson, director de Friends School, argumenta que la educación enfrenta un ciclo recurrente de adopción tecnológica que prioriza la eficiencia comercial sobre la relación pedagógica humana. En su artículo, Johnson sostiene que, a diferencia de otras industrias, la tecnología en el aula no ha reducido los costos ni mejorado la calidad de la enseñanza, sino que ha desplazado la atención del profesor hacia las herramientas digitales. El autor relata dos experiencias propias: la instalación de pizarras interactivas que redujeron el espacio útil para los estudiantes y la implementación de libros de calificaciones abiertos, lo que provocó una inflación de notas y una pérdida de profundidad en el aprendizaje. Johnson critica la narrativa de que la tecnología es una solución inevitable, citando a John Hennessy y a Daphne Koller, quienes predijeron que las universidades serían desplazadas por los MOOCs, una predicción que no se cumplió. El texto destaca que la tecnología ha transformado la formación corporativa, pero no ha alterado la dinámica de la clase presencial. Johnson advierte que la presión por la transparencia y la eficiencia está generando estudiantes con alta confianza pero baja competencia real, lo que ha llevado a una vuelta a las pruebas estandarizadas. Finalmente, el autor señala que el estrés académico, impulsado por las evaluaciones constantes, es uno de los principales factores de ansiedad de los estudiantes, independientemente del tipo de escuela.
