Italia enfrenta una crisis penitenciaria agudizada por el verano más caluro registrado en 75 años, con una ocupación real del 139,7% en julio de 2026. Aproximadamente 65.000 reclusos residen en instalaciones diseñadas para menos de 47.000 personas, lo que ha provocado temperaturas internas que superan los 40 ºC en muchos centros, donde la falta de aire acondicionado y la mala ventilación son la norma. La situación es crítica en prisiones como Rebibbia (Roma) y Taranto (Apulia), donde la sobrecarga impide el acceso a servicios básicos y aumenta los riesgos para la salud de los detenidos. El sindicato SAPPE ha denunciado ante la justicia que las autoridades conocían desde hace tiempo de estas deficiencias. Además, el calor ha exacerbado el estrés entre el personal, que trabaja turnos de hasta 12 horas, y ha incrementado los episodios de autolesión y suicidio, con al menos 38 muertes registradas en los primeros siete meses de 2026. La administración penitenciaria ha destinado 920.000 dólares a comprar ventiladores, pero la infraestructura antigua, construida entre 1980 y 1999, no permite una refrigeración efectiva, dejando a miles de presos en condiciones inhumanas.
