Ise Jingu, en la prefectura japonesa de Mie, es uno de los santuarios sintoístas más importantes de Japón. Alberga dos grandes recintos, Naiku y Geku, dedicados a la diosa del sol Amaterasu y al dios de la agricultura Toyouke-Ōmikami, junto a 123 santuarios menores. Desde hace más de 1300 años, cada 20 años se reconstruyen copias exactas de 65 edificios, puentes y vallas, además de miles de piezas rituales: espadas ceremoniales, escudos, arcos, espejos, sedas y objetos lacados. La última reconstrucción requirió 14.000 troncos de ciprés, 25.000 haces de juncos, nueve años de obras y más de 500 millones de dólares. Para las obras se emplea madera de hinoki de entre 300 y 500 años de antigüedad, proveniente de bosques de todo Japón, y se utilizan exclusivamente herramientas manuales y técnicas tradicionales heredadas del siglo VII. La clave de la continuidad reside en la transmisión social del conocimiento: equipos de carpinteros jóvenes son dirigidos por maestros que han participado en varias reconstrucciones, lo que garantiza la pervivencia de habilidades difícilmente documentables, como las uniones de mortaja y espiga o el bruñido manual de la madera. El artículo utiliza el caso de Ise Jingu para ilustrar el concepto de conocimiento de proceso, término acuñado por Dan Wang, y explica por qué esta forma de saber, basada en la práctica y la experiencia, resulta esencial para mantener vivas técnicas artesanales que no pueden reducirse a texto.
