Irán ha anunciado que el Estrecho de Ormuz permanecerá abierto a todos los países excepto Estados Unidos, Israel y sus aliados, desafiando la reciente Operación Furia Épica lanzada por Estados Unidos el 28 de febrero. Esta medida, que afecta a una ruta vital para el 20% del petróleo mundial, ha provocado el estancamiento de la navegación y un aumento en los precios del petróleo, con el Brent superando los 100 dólares. Mientras Washington busca el apoyo de aliados para estabilizar la situación, China se beneficia de la crisis, negociando el tránsito de su petróleo en yuanes, lo que podría marcar un declive del dominio del petrodólar. Irán, a pesar de estar bajo bombardeo, ha ganado influencia al convertir el estrecho en una herramienta política, permitiendo el paso a aquellos países que no participan en las hostilidades. China, con reservas estratégicas y una creciente inversión en energías renovables, se posiciona como un socio clave para Irán, fortaleciendo su economía y legitimidad internacional. La situación evidencia un cambio en el orden mundial, donde China avanza estratégicamente mientras Estados Unidos enfrenta un desafío a su hegemonía energética y económica.
