Dennis Whyte y Andrew W. Lo, dos profesores del MIT, han publicado un artículo en el Journal of Fusion Energy en el que presentan un modelo de diez parámetros para evaluar la viabilidad económica de cualquier planta de fusión nuclear, con independencia de su tamaño o tecnología de confinamiento. Los autores sostienen que el principal obstáculo del sector —lograr la ignición del plasma— ya se ha superado, por lo que ahora el reto pendiente es de naturaleza económica: que las centrales resulten rentables.
El modelo parte de un paralelismo con el Criterio de Lawson, que fija las condiciones físicas mínimas para que un reactor genere más energía de la que consume. A esa regla, Whyte y Lo añaden una «Q económica» mayor que 1, definida como la relación entre el capital obtenido durante la operación de la planta y el capital invertido en su construcción. Para que esa Q se cumpla, los investigadores identifican diez parámetros cuantitativos agrupados en tres áreas: factores físicos (densidad de potencia, eficiencia de conversión y durabilidad de componentes), costes de infraestructura (licencias, ubicación y sistemas de seguridad) y variables financieras y de mercado.
Los autores defienden integrar el impacto económico desde la fase inicial del diseño técnico del reactor, cuantificando el valor o coste de cada decisión de ingeniería. El enfoque, señalan, aporta rigor contable en un momento en el que el sector privado está destinando miles de millones al sector y en el que China, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y Europa compiten por desarrollar reactores operativos.
