Cada palabra publicada en internet se ha convertido en materia prima para el entrenamiento de modelos de lenguaje de gran tamaño. El texto describe cómo los escritos —incluido el propio artículo— son capturados, troceados, proyectados en miles de dimensiones y procesados capa tras capa en centros de datos para ajustar los pesos de redes neuronales.
El autor argumenta que la producción escrita humana, en su totalidad, queda incorporada de forma estadística en los modelos futuros, independientemente de la trascendencia del texto original. Una entrada menor de un blog contribuye igual a descubrimientos como la demostración de la existencia de grupos no soficos que a incidentes como la intrusión en los servidores de HuggingFace.
La pieza plantea una paradoja sobre la pervivencia digital: los escritos perviven como influencia diluida en los parámetros de modelos que aún no existen, en lugar de como documentos fijos. El cierre, con tono autoirónico, sugiere que esta inmortalidad técnica obliga a ser más selectivo con lo que se escribe, dado que todo termina formando parte del entrenamiento de sistemas cuya evolución es difícil de predecir.
