En 1973, el ingeniero aeroespacial de la NASA Edwin J. Saltzman tuvo una revelación inesperada mientras iba en bicicleta al trabajo. Observó cómo las turbulencias generadas por los camiones de gran tamaño lo empujaban y lo jalaban, lo que le llevó a cuestionar la aerodinámica de estos vehículos. Saltzman y sus colegas transformaron una furgoneta Ford en un banco de pruebas, cubriéndola inicialmente con láminas de aluminio para medir la resistencia al viento. A través de modificaciones sistemáticas, como redondear los bordes y sellar la parte inferior, lograron reducir la resistencia en un 52% y un 7% respectivamente, estimando un aumento en la eficiencia de combustible del 15-25% a velocidades de autopista.
Posteriormente, aplicaron estas mejoras a un camión semi, obteniendo resultados similares. La investigación de la NASA sentó las bases para la aerodinámica moderna de los camiones, y hoy en día, los diseños con fairings y esquinas redondeadas son comunes. Incluso se utilizan dispositivos como los generadores de vórtices, inspirados en investigaciones posteriores de la NASA, para mejorar aún más la eficiencia. Este episodio ilustra cómo la innovación puede surgir de observaciones cotidianas y cómo la tecnología desarrollada para la exploración espacial puede tener un impacto significativo en la industria del transporte terrestre.
