Ingeborg Bachmann: el lenguaje como territorio de emancipación tras Auschwitz

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En el centenario del nacimiento de Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, 1926-Roma, 1973), la editorial Nórdica recupera Malina (1971), la última novela que publicó en vida y pieza central de un ciclo inconcluso, con una nueva traducción al castellano de Isabel Hernández González. Bachmann, filósofa formada y conocedora de Wittgenstein, fue una de las voces más singulares de la literatura centroeuropea de posguerra. Su búsqueda arrancaba en el Grupo 47 —junto a Heinrich Böll, Günter Grass o Ilse Aichinger— con un objetivo compartido: hallar una lengua no contaminada por el nazismo, tarea que el colectivo confiaba a la poesía.

Lo que distinguió a Bachmann fue su salto a la novela y, sobre todo, la incorporación de una perspectiva de género: ya no bastaba con renovar el lenguaje frente al Holocausto, sino que hacía falta un idioma propio de las mujeres, distinto de las fórmulas heredadas de la tradición masculina. En esa línea la emparentan autoras como Clarice Lispector, Marguerite Duras, Unica Zürn o Marlen Haushofer. Malina plasma el proyecto: una narradora sin nombre, alter ego de la autora, analiza en tres partes su relación con dos hombres —Iván y Malina— y, con ello, las heridas íntimas y políticas de su generación. La protagonista es inseparable de su voz literaria, y el libro convierte la escritura en ejercicio de autoconstrucción.

La dificultad del texto, denso, lírico y existencial, es parte de su propuesta. Bachmann murió a los 47 años en un incendio doméstico en Roma cuyas circunstancias nunca se aclararon, dejando el ciclo incompleto. Su obra previa —poemas, relatos, la propia Malina— basta para situarla entre lo más destacado de su tiempo. La adaptación cinematográfica de Werner Schroeder (1991), con Isabelle Huppert y guion de Elfriede Jelinek, recuerda la vigencia de un legado que sigue interpelando a la literatura contemporánea.