La startup de fusión Inertia Enterprises ha logrado recortar el tiempo de fabricación de sus pastillas de combustible de varios días a apenas minutos, según adelantó en exclusiva a TechCrunch. El avance supera una de las diez barreras técnicas que la compañía debe resolver para acometer la primera fase de su central eléctrica comercial.
Inertia nació para llevar al mercado la tecnología desarrollada en la National Ignition Facility (NIF), donde fabricar una pastilla puede costar más de una semana y cifras elevadas. Su cofundador y CEO, Jeff Lawson, comparó esa dinámica con la de un prototipo y se marcó como objetivo convertirla en un proceso industrializable. Tras varias rondas de desarrollo, el equipo consiguió hacer crecer los cristales que recubren la pastilla —una esfera de diamante con una fina capa de deuterio y tritio congelados— en unos 30 minutos, frente a los hasta siete días del NIF. En total, una pastilla se completa en dos o tres horas, con capacidad de escalar a producción industrial.
El acortamiento del proceso reduce la cantidad de tritio que Inertia necesita almacenar. Este isótopo radiactivo cuesta unos 30.000 dólares por gramo y solo hay 25 kilos acumulados en el mundo. Lawson asegura que el láser de Inertia, cuatro veces más potente que el del NIF, tolera más imperfecciones en la pastilla, lo que también acelera la fabricación. La planta comercial proyectada prevé consumir diez pastillas por segundo.
