Más de 300.000 personas han sido evacuadas en Francia y España por una oleada de incendios forestales que avanza en pleno verano europeo, tras semanas de temperaturas superiores a 40 °C en gran parte del continente. Francia ha registrado la mayor superficie quemada de lo que va de siglo: solo en Gironde, alrededor de Burdeos, las llamas han calcinado más de 420 km² en menos de cuatro días —una extensión equivalente a cuatro veces la ciudad de París— y el frente se sitúa a apenas 15 km del sur de Burdeos. En la Comunidad de Madrid, el delegado del Gobierno, Francisco Martín, ha calificado los fuegos como "sin duda los mayores de la historia de la región".
La intensidad del fuego ha generado un fenómeno meteorológico poco frecuente: una tormenta de fuego (pyrocumulonimbus), en la que el calor extremo eleva humo y vapor de agua hasta formar cumulonimbos capaces de producir rayos que avivan nuevos focos.
En la zona francesa de Gironde trabajan unos 2.500 bomberos, 1.500 militares y 1.200 policías y gendarmes. Para combatirlos se han empleado aviones cisterna como los Canadair, que cargan 6.000 litros de agua en 12 segundos, y se han abierto cortafuegos de hasta 100 metros de anchura con bulldozers y excavadoras. El fuego amenaza además instalaciones militares e industriales sensibles, entre ellas centros de trabajo sobre misiles balísticos franceses, motores de cohete y procesamiento de químicos peligrosos. Expertos y equipos sobre el terreno temen que las condiciones empeoren en los próximos días por la llegada de una dorsal de altas presiones con tiempo seco y temperaturas en aumento, en un contexto de veranos más cálidos y secos por el cambio climático.
