Un estudio reciente publicado en Nature Human Behaviour revela una preocupante tendencia: la salud de los estadounidenses con inclinaciones políticas conservadoras ha empeorado significativamente durante la década de 2010, resultando en tasas de mortalidad más altas en comparación con los liberales. Este fenómeno, que se agudizó en la década de 2020, va más allá de las diferencias en políticas de salud a nivel estatal y no se explica completamente por cambios demográficos o la pandemia de COVID-19.
El estudio, que analiza datos médicos individuales y registros de defunción de una cohorte de personas nacidas entre 1976 y 1982, identifica dos mecanismos potenciales. Primero, la composición de los grupos políticos ha cambiado, incorporando individuos con peor estado de salud al bando conservador. Sin embargo, este factor no es suficiente para explicar la brecha creciente en la mortalidad. El segundo mecanismo, y quizás el más preocupante, se relaciona con la disminución de la confianza en los profesionales de la salud entre personas de derecha. Esto se traduce en una menor disposición a buscar atención médica, seguir consejos clínicos e incluso creer en la eficacia de los medicamentos, incluso para condiciones no relacionadas con el COVID-19.
El estudio destaca que esta polarización política en los comportamientos relacionados con la salud está dejando a los conservadores estadounidenses más vulnerables a riesgos prevenibles para la salud, como enfermedades cardíacas, cáncer y accidentes cerebrovasculares. La investigación encontró que, entre 2020 y 2022, la probabilidad de muerte por causas internas era significativamente mayor entre los conservadores 'muy' en comparación con los liberales 'muy'.
Es importante señalar que el estudio se basa en datos observacionales y no establece una relación causal directa. Sin embargo, sugiere fuertemente que la desconfianza política en la medicina está contribuyendo a peores resultados de salud para un segmento significativo de la población estadounidense. Las implicaciones son claras: abordar la polarización política y fomentar la confianza en la ciencia y la atención médica son cruciales para mejorar la equidad en los resultados de salud en los Estados Unidos. Investigaciones futuras deberían centrarse en comprender mejor las causas subyacentes de esta desconfianza y desarrollar estrategias para mitigar sus efectos.
