El escritor y académico Ian Bogost presenta su próximo libro «The Small Stuff: How to Lead a More Gratifying Life», una obra que, partiendo de su artículo en The Atlantic sobre la desaparición de los coches con cambio manual, sostiene que la vida cotidiana se ha desmaterializado. Bogost define la desmaterialización como la pérdida de contacto con el mundo sensorial a causa de las tecnologías de la conveniencia, la burocracia, la eficiencia y los marcos regulatorios, no solo de Silicon Valley.
Como ejemplo, el autor describe los aseos automáticos de los aeropuertos: grifos, dispensadores de jabón y secadores que actúan por el usuario, cuya disfunción puntual recuerda cuánto se ha automatizado el cuerpo. A pesar de los beneficios innegables de esas innovaciones, Bogost advierte de que el trueque entre progreso y experiencia sensorial ha pasado desapercibido, en una dinámica que compara con el «sapo que se cocina despacio».
Frente a otros ensayos críticos con la industria tecnológica, como los de Cory Doctorow o Jenny Odell, Bogost asegura estar «un poco aburrido de la crítica constante» y evita señalar culpables únicos. Defiende que la gente común no tiene que esperar a resolver el capitalismo o la desigualdad para redescubrir el placer de lo cotidiano: abrir una ventana, sentir la brisa, apreciar un electrodoméstico. El libro apuesta por encontrar gratificación en la experiencia sensorial sin renunciar a servicios como Uber, el streaming o el reparto a domicilio.
