Este artículo reflexiona sobre la transformación del trabajo de programación debido a la rápida evolución de la inteligencia artificial. El autor lamenta la pérdida de la experiencia de codificar a mano, sintiendo que la profesión se está reduciendo a una función de supervisión y control para evitar errores de la IA. Reconoce que la adopción de estas nuevas herramientas es inevitable, impulsada por la necesidad económica y la presión laboral, especialmente para los programadores más experimentados.
El texto anticipa un futuro donde la codificación manual será vista como una reliquia del pasado, comparable a las herramientas de un herrero. Aunque el autor no se opone a esta evolución, expresa un profundo sentimiento de pérdida por la satisfacción y el orgullo que se derivaban de crear código de forma artesanal, y la conexión personal con el proceso creativo. Invita a otros programadores a compartir este duelo por la desaparición de una forma de trabajo.
