La industria tecnológica enfrenta una creciente preocupación: la falta de entusiasmo público hacia la inteligencia artificial (IA), a pesar de las promesas de transformación radical. Líderes como Sam Altman de OpenAI y Jensen Huang de Nvidia expresan sorpresa por la lentitud en la adopción y la resistencia cultural, contrastando con la euforia inicial. Encuestas revelan que más de un tercio de los estadounidenses temen que la IA pueda poner fin a la vida humana, y la mayoría no estaría dispuesto a pagar más por dispositivos con IA. Esta reacción negativa es inusual, ya que históricamente las nuevas tecnologías han sido recibidas con mayor entusiasmo. El índice de software de Norteamérica S&P ha sufrido su mayor caída en 17 años, impulsada por el temor a la sustitución de software por IA. La apatía y la hostilidad hacia la IA están llevando a un creciente apoyo a la regulación, incluso si eso significa un desarrollo más lento. El fenómeno se enmarca dentro de un ciclo repetido de 'burbujas' tecnológicas, donde la promesa de una revolución transforma la sociedad, pero la realidad a menudo decepciona, generando escepticismo y, finalmente, regulación.
