IA, herramientas y transformación: por qué automatizar no basta

Fuentes: AI, tools and transformation

La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha despertado la fantasía de que buena parte del software empresarial —los grandes sistemas horizontales tipo SAP o Workday, las decenas de aplicaciones SaaS verticales y los flujos de trabajo en hojas de cálculo, scripts y bases de datos— puede ser barrido de un plumazo. La idea es seductora para los constructores de herramientas: si cualquiera puede pedirle a un modelo que cree la herramienta o que ejecute directamente la tarea, el software dejaría de ser estático y pasaría a ser dinámico, generativo y espontáneo.

El analista Benedict Evans, sin embargo, sostiene que esa visión confunde el origen del software y la manera en que las empresas cambian. La mayoría de las personas no son constructoras de herramientas ni identifican qué partes de su trabajo podrían automatizarse; incluso cuando un 'ingeniero desplegado sobre el terreno' ve la oportunidad, el problema suele estar oculto, empaquetado dentro de otro proceso y no tener una solución evidente. Productos como Excel intentaron cerrar esa brecha con asistentes y plantillas, pero cada plantilla terminó convirtiéndose en una empresa aparte, como ocurre también con ofertas tipo 'Claude para X'.

Aun cuando se identifica el problema y se construye la solución, hay que lograr que la adopten decenas o cientos de personas en distintos departamentos, sistemas y regímenes regulatorios, lo que implica compras, decisiones y ciclos de venta largos. Evans propone entender el software como un espectro que va de lo institucionalizado a lo improvisado: tareas críticas se asientan en herramientas dedicadas, mientras que excepciones y casos puntuales viven en espacios informales como hojas de cálculo, correo, documentos compartidos o chatbots. Cuando una tarea improvisada se repite y gana peso, la empresa la institucionaliza y compra una aplicación; cuando la herramienta se vuelve rígida, empieza de nuevo el desempaketamiento. La IA, argumenta, recorrerá ese mismo ciclo: potenciará las aplicaciones existentes, abrirá nuevos espacios improvisados y desplazará tareas entre herramientas, sin sustituir por completo el complejo entramado que ya sostiene a las grandes compañías.