Una reciente encuesta revela una creciente brecha entre la percepción de la inteligencia artificial (IA) entre expertos y el público estadounidense. Mientras que el 76% de los expertos cree que la IA les beneficiará personalmente, solo el 24% del público comparte esta opinión, mostrando una mayor preocupación por los posibles daños. Esta desconfianza ha aumentado significativamente, con un 55% de los encuestados ahora creyendo que la IA hará más daño que bien en su vida diaria y en la educación, en comparación con el 44% hace un año. Esta aversión va más allá del escepticismo habitual hacia nuevas tecnologías, alimentada por temores relacionados con el fraude, la desinformación, la invasión de la privacidad, la concentración de poder y, especialmente, el desplazamiento laboral. El fenómeno del 'valle de la extrañeza', donde la semejanza con la humanidad genera repulsión, podría estar contribuyendo a esta reacción visceral. La IA, al imitar la conversación, la voz y el comportamiento humano, pero fallando en satisfacer las expectativas sociales, provoca una sensación de 'incorrecto' que se amplifica por la exposición repetida y la asociación con narrativas de riesgo existencial y pérdida de control.
