Un reciente estudio revela una paradoja similar a la observada en la década de 1980: a pesar de la adopción generalizada de la inteligencia artificial (IA) por parte de empresas, su impacto real en la productividad y el empleo es mínimo. Según una investigación de la National Bureau of Economic Research, más del 90% de las empresas encuestadas en EE. UU., Reino Unido, Alemania y Australia no han notado cambios en la productividad o el empleo debido a la IA en los últimos tres años, a pesar de que la mayoría la utiliza (en promedio, 1.5 horas semanales). Esta situación, que evoca la “paradoja de Solow” de 1987, donde la tecnología informática no se tradujo inmediatamente en un aumento de la productividad, complica las expectativas de un auge económico impulsado por la IA. Si bien los ejecutivos anticipan un impacto positivo en la productividad, los datos macroeconómicos actuales no lo reflejan. Expertos sugieren que, al igual que con la revolución informática, podría haber un retraso antes de que la IA genere un aumento significativo en la productividad, o que la competencia feroz en el desarrollo de herramientas de IA está limitando su impacto económico inmediato. El futuro de la IA dependerá de la capacidad de las empresas para integrar la tecnología y generar valor a partir de ella.
