Las principales empresas de tecnología están convergiendo hacia un modelo de asistentes de inteligencia artificial (IA) “siempre activos” que recopilan continuamente datos de audio y video para ofrecer asistencia proactiva. OpenAI, tras adquirir la startup de hardware de Jony Ive, io, y lanzar anuncios en ChatGPT, es el último ejemplo de esta tendencia, siguiendo el camino de empresas como Apple, Google y Amazon. El problema fundamental es que este modelo de negocio se ha alineado con la publicidad, lo que plantea serias preocupaciones sobre la privacidad de los datos. Si bien las empresas prometen encriptación, anonimización y políticas de privacidad, la arquitectura subyacente a menudo permite la recopilación y uso de datos con fines publicitarios. La solución radica en la computación local, donde el procesamiento de datos se realiza en el dispositivo sin necesidad de conexión a la nube, impidiendo así la extracción de datos. El artículo argumenta que la próxima generación de IA, que será intrínsecamente íntima y omnipresente, debe priorizar la seguridad y la privacidad mediante una arquitectura que impida el acceso a los datos, en lugar de depender de políticas que pueden cambiar.
