El autor reflexiona sobre cómo la inteligencia artificial está afectando su capacidad para pensar profundamente y resolver problemas complejos. Describe su personalidad dividida entre "El Constructor" (enfocado en la productividad y la creación) y "El Pensador" (que disfruta de la intensa lucha mental para resolver problemas difíciles). Anteriormente, la ingeniería de software le permitía satisfacer ambas facetas, pero ahora, con la proliferación de herramientas de IA que facilitan el desarrollo rápido ("vibe coding"), "El Pensador" se siente privado y su crecimiento profesional se ve estancado. Aunque reconoce la eficiencia y pragmatismo de la IA, lamenta la pérdida de la satisfacción derivada de la resolución creativa de problemas y se enfrenta a la dificultad de encontrar un equilibrio entre sus dos naturalezas.
