Hospitales y universidades de distintos países llevan a cabo ensayos clínicos en fase avanzada con fármacos ya autorizados para nuevos usos, conocidos como "reproposicionamiento", con costes de financiación inferiores al 10% de los que asume la industria farmacéutica, según un estudio del King's College London publicado en la Cambridge Law Journal. La investigación describe un sistema paralelo de innovación farmacéutica que opera al margen del sistema de patentes y que, según sus autores, podría ofrecer a la sociedad tratamientos asequibles de forma recurrente.
Entre los ejemplos documentados figuran el uso de un oncológico contra una causa frecuente de ceguera, la conversión de un medicamento para el cáncer de mama en una herramienta preventiva y la reutilización de un antiguo antiinflamatorio para tratar la Covid. Los autores atribuyen la reducción de costes a tres factores: la menor necesidad de capital, dado que el fármaco ya está fabricado y es genérico; la menor cualificación técnica específica, porque el principio activo está ampliamente estudiado; y la menor asunción de riesgos financieros, ya que ninguna organización depende de la autorización y venta del producto. Los incentivos para clínicos e investigadores pasan por mejorar la recuperación de los pacientes y por publicar estudios que impulsen su carrera académica.
Aunque las farmacéuticas mantienen su interés en reproposicionar fármacos durante las primeras fases del ciclo de vida del producto, pierden ese incentivo cuando aparecen los genéricos. Precisamente en ese momento florece el sistema impulsado por hospitales y universidades, aprovechando versiones genéricas de bajo coste. Gobiernos de varios países ya han empezado a crear programas para reconocer formalmente la investigación generada en este circuito y garantizar el acceso de los pacientes.
