El Gobierno neerlandés está rellenando con cemento los pozos del yacimiento de gas de Groningen, el mayor de Europa, con el objetivo de impedir que un futuro Ejecutivo pueda revertir el cierre de la producción decretado en 2023. Hasta ahora, la maquinaria especializada ha inutilizado 70 de los 300 pozos existentes en la provincia.
Descubierto en 1959, el campo ha proporcionado 2,2 billones de metros cúbicos de gas y ha generado al Estado unos 363.000 millones de euros en seis décadas. En su subsuelo aún quedan unos 500.000 millones de metros cúbicos, el doble del gas que la UE ha importado desde Rusia tras la invasión de Ucrania de 2022, y cuyo valor de mercado rondaría los 200.000 millones de euros.
La extracción provocó pequeños seísmos a partir de 1986 —la mayoría por debajo de 1,5 en la escala Richter—, lo que generó una oposición local que llevó al Ejecutivo a fijar el fin de la producción para 2030 y, después, para 2023. En 2023, una comisión parlamentaria reconoció una «deuda de honor» con los habitantes de Groningen. El ministro D66 Hans Vijlbrief decidió entonces sellar los pozos con 500 metros de cemento.
El Consejo de Minería y el principal asesor científico del Gobierno advirtieron de que era preferible mantener las instalaciones en reserva. La operación actual, según el artículo, destruye las opciones de futuro sin aportar beneficios ambientales ni de seguridad.
