Este artículo de The Atlantic revela una fascinación poco conocida de Adolf Hitler por Groenlandia, que trascendió una simple admiración personal y se convirtió en una estrategia geopolítica y económica crucial para la Alemania nazi. Inicialmente, Hitler, influenciado por exploradores como Fridtjof Nansen y Alfred Wegener, veía Groenlandia como un desafío de exploración y aventura. Sin embargo, a partir de 1933, su interés se transformó en una búsqueda de recursos estratégicos y seguridad nacional.
La Alemania nazi, tras implementar políticas económicas perjudiciales que generaron inestabilidad, identificó en Groenlandia una fuente potencial de recursos vitales. En 1934, el gobierno alemán realizó un inventario detallado de la isla, incluyendo su población (Eskimos y daneses) y su ganado, pero lo más importante fue la identificación de depósitos masivos de criolita, un mineral esencial para la producción de aluminio estadounidense. Esto representaba una oportunidad para Alemania de reducir su dependencia de importaciones y fortalecer su economía.
La necesidad de reemplazar el aceite de ballena, crucial tanto para la producción de margarina como para la fabricación de nitroglicerina (un componente clave de los explosivos), impulsó la creación de una flota ballenera alemana que rápidamente agotó las poblaciones de ballenas en el Ártico y el Antártico. Se establecieron bases de procesamiento en la Antártida, con planes de declarar estas áreas como posesiones coloniales alemanas. Además, se llevaron a cabo expediciones secretas, como la liderada por Alfred Ritscher, para marcar territorio en la Antártida con banderas y estacas con el símbolo nazi, en una clara demostración de ambiciones territoriales.
La invasión de Polonia en 1939 amplió los intereses alemanes en el norte, pasando de lo económico a lo militar. La operación Weserübung, que involucró la invasión de Dinamarca y Noruega, tenía como objetivo establecer una base de ataque contra Gran Bretaña. Paralelamente, Estados Unidos, consciente de la importancia estratégica de Groenlandia para la producción de aluminio, desplegó cruceros de la Guardia Costera para proteger las operaciones mineras de criolita en Ivittuut, anticipando posibles sabotajes o ataques de submarinos alemanes. El embajador danés en Washington, Henrik Kauffmann, actuó en nombre de un gobierno danés en el exilio, facilitando la cooperación con Estados Unidos y la creación de una Comisión Americana para Groenlandia.
En resumen, la obsesión de Hitler con Groenlandia revela una faceta poco explorada de su régimen nazi, combinando ambiciones exploratorias, necesidades económicas desesperadas y una agresiva política de expansión territorial, todo ello en un contexto de creciente tensión internacional.
