Este artículo de IEEE Spectrum explora una faceta poco conocida de la historia de Milton Hershey: su inversión en una extensa operación azucarera en Cuba y la construcción de un ferrocarril eléctrico para optimizar su logística. A principios del siglo XX, Hershey enfrentaba una escasez de azúcar agravada por la Primera Guerra Mundial y el dominio del “Sugar Trust” en Estados Unidos. Para asegurar un suministro constante y evitar depender de este monopolio, Hershey invirtió en Cuba, un país con una economía protegida por el Tratado Platt, que lo convertía en un estado satélite de los Estados Unidos.
La operación cubana de Hershey se expandió rápidamente, incluyendo cinco plantaciones de azúcar, cinco ingenios modernos, una refinería, pueblos de empresa y una central eléctrica de carbón para alimentar todo el complejo. La necesidad de procesar la caña de azúcar rápidamente después de la cosecha impulsó la construcción de un ferrocarril para transportar la materia prima a los ingenios, permitiendo una operación continua las 24 horas del día. Inicialmente, el ferrocarril funcionaba con locomotoras de vapor, pero debido a los altos costos del combustible importado, Hershey optó por electrificar la línea en 1920, convirtiéndose en el primer ferrocarril electrificado de Cuba. Esta central eléctrica también suministraba electricidad a las ciudades de Matanzas y otras localidades cercanas.
Hershey replicó en Cuba el modelo de pueblo de empresa que había implementado en Hershey, Pensilvania, ofreciendo a sus trabajadores viviendas dignas, instalaciones recreativas (piscinas, campos de béisbol, clínicas médicas) y educación gratuita para sus hijos. Esta filosofía, aunque paternalista, reflejaba la visión de Hershey, quien, a pesar de su falta de educación formal, fundó la Escuela Industrial Hershey en Pensilvania. En Cuba, se estableció la Escuela Agrícola Hershey en memoria de las víctimas de un trágico accidente ferroviario en 1923.
La empresa vendió sus intereses en Cuba en 1946, incluyendo la refinería de azúcar, la central eléctrica y los 404 km de vías férreas. Aunque el ferrocarril eléctrico continuó operando de forma intermitente hasta la década de 2010, su funcionamiento se ha visto afectado por las frecuentes interrupciones eléctricas en Cuba. Un estudio reciente sugiere que, si bien un ferrocarril eléctrico podría ser una opción resiliente, los desafíos actuales en la infraestructura energética cubana hacen que la reactivación del Hershey Electric Railway sea poco probable, favoreciendo el uso de locomotoras diésel.
