La historia de Louis “Bud” Abernathy y su hermano Temple, de 10 y 6 años respectivamente, es un relato extraordinario de aventura y perseverancia en la América de principios del siglo XX. En 1910, estos dos niños emprendieron un viaje a caballo de más de 2,000 millas desde Frederick, Oklahoma, hasta la ciudad de Nueva York, una hazaña impresionante para su edad y época.
El viaje estaba profundamente arraigado en el espíritu aventurero de la familia Abernathy. Su padre, Jack “Catch ’em Alive” Abernathy, un alguacil de los Estados Unidos, era conocido por sus audaces y pintorescas acciones, incluyendo una demostración de valentía ante el presidente Theodore Roosevelt, donde capturó un lobo con sus propias manos. Esta conexión con Roosevelt influyó en la planificación del viaje, con la intención de coincidir con el regreso del presidente de una expedición de caza en África.
Antes de que los niños partieran, su padre estableció reglas estrictas para garantizar su seguridad: límites diarios de distancia (50 millas), precaución al cruzar cuerpos de agua, una limitación en el efectivo que llevaban ($5) y la prohibición de viajar los domingos. Equipados con pocas posesiones, incluyendo ropa, sacos de dormir, comida para los caballos y un pequeño fondo de emergencia, los niños se embarcaron en su aventura. Bud montaba a Sam Bass, el caballo de su padre utilizado para cazar lobos, mientras que Temple, debido a su corta estatura, necesitaba ayuda para montar en su pony, Geronimo. Bud también utilizaba un lazo alrededor de sus sacos de dormir, una técnica aprendida de su padre para protegerse de animales salvajes.
El viaje no estuvo exento de desafíos. En una ocasión, Geronimo enfermó con un 'founder', una enfermedad debilitante que lo dejó lisiado, obligando a Bud a utilizar el fondo de emergencia para comprar un reemplazo: un pony de color rojo y blanco llamado Wylie Haynes. Las condiciones climáticas adversas y los terrenos difíciles también ralentizaron su progreso. A medida que avanzaban, la noticia de su viaje se extendió, y la gente de las comunidades a lo largo del camino los invitaba a compartir comidas y ofrecerles hospitalidad. Un mensaje de su padre aseguraba a la gente que no eran fugitivos.
La llegada de los Abernathy a Nueva York fue recibida con entusiasmo. Fueron recibidos por su padre y participaron en una desfile con los Rough Riders para dar la bienvenida a Roosevelt. La historia de los niños capturó la imaginación del público, y su viaje se convirtió en un símbolo de coraje, determinación y el espíritu pionero de la época. La historia ilustra la importancia de la planificación, la resiliencia y el apoyo familiar, incluso en las circunstancias más desafiantes.
