La superficie lunar ha estado expuesta durante miles de millones de años al viento solar, una corriente de partículas cargadas que escapa de la gravedad del Sol. Entre esas partículas se encuentra el helio-3, un isótopo raro en la Tierra pero relativamente abundante en el regolito lunar, donde se concentra en proporciones de 10 a 20 partes por mil millones en suelos ricos en titanio. La falta de campo magnético y atmósfera en la Luna ha permitido que estos iones se depositen y, en algunos casos, queden atrapados a escasa profundidad.
Este recurso ha despertado el interés de científicos e ingenieros por sus posibles aplicaciones: desde la fusión nuclear a largo plazo hasta usos más inmediatos como la criogenia, la investigación médica y la detección de neutrones. Es, según los expertos, uno de los pocos materiales con potencial de ser extraído en la Luna y devuelto a la Tierra con fines comerciales.
En ese contexto, la empresa Interlune, con sede en Seattle, trabaja en demostrar la viabilidad técnica de recuperar helio-3 antes de enviar una misión de minería a escala completa. Otros actores también exploran esta oportunidad, que sigue enfrentando obstáculos científicos, económicos y logísticos considerables.
