En el centro de I+D de Magnum en Bedford (Reino Unido), la mayor empresa de helado cotizada del mundo — valorada en unos 8.000 millones de libras tras su escisión de Unilever en 2024— investiga desde sabores luminosos para clubes de Ibiza hasta neveras con inteligencia artificial que detectan cuándo hay que reponer existencias. La compañía, propietaria de Cornetto, Twister, Solero y Magnum, compite contra Froneri (Häagen-Dazs) y Baskin-Robbins en un mercado sacudido por la volatilidad de precios de la leche, los huevos, la vainilla y la energía de la cadena de frío, agravado por la guerra en Ucrania, la covid y la crisis del coste de la vida, según la analista Georgia Rose, de Kantar Retail IQ. La innovación llega también desde Asia: en China, Japón y Corea surgen sabores como ajo en vinagre, tahini, tofu fermentado, vodka o foie gras, reflejo de un helado que ha dejado de ser un capricho veraniego para integrarse en el estilo de vida, explica la investigadora Neil Yan, de MMR. Otra tendencia es el helado alto en proteínas, impulsado por usuarios de fármacos GLP-1 como Ozempic que buscan mayor saciedad; las barritas David Protein, con 20 g de proteína, cuestan 39,99 dólares por doce unidades, más del doble que los yogures helados Yasso de Magnum. En el laboratorio, un robot llamado Eric analiza la viscosidad del chocolate las 24 horas del día para lograr el crujido perfecto.
