Un vecino de Villores, en la comarca castellonense de Els Ports, encontró a principios de agosto de 2026, durante una reforma en su parcela, cinco piezas metálicas oxidadas que resultaron ser el inicio de un hallazgo mayor: 68 proyectiles de artillería de 75 milímetros, con un peso total de 544 kilos, ocultos bajo tierra desde la Guerra Civil. El aviso al alcalde Iván Guimerà movilizó a la Guardia Civil, que valló la zona ante el riesgo de detonación y amplió la búsqueda hasta confirmar la cifra final.
Los proyectiles eran obuses rompedores del calibre estándar empleado por ambos bandos. Carecían de espoleta y de estopín, aunque cada uno conservaba una carga de 345 gramos de trilita enterrada aparte. El operativo de desactivación lo ejecutó el GEDEX de Castellón, que trasladó el material a la cantera La Torreta y lo destruyó en varias tandas hasta cerrar la operación el 10 de agosto.
Los historiadores consultados apuntan a que se trata de munición sin montar, escondida de forma apresurada durante la retirada republicana. Villores cayó el 4 de abril de 1938 ante la 83.ª División franquista, dentro de la Ofensiva de Aragón, y se sitúa en el corredor que once días después llevó a las tropas sublevadas hasta Vinaròs, aislando Cataluña del resto del territorio republicano. En los meses siguientes, la comarca sufrió bombardeos de la Legión Cóndor, una represión que dejó 87 muertos y actividad del maquis hasta 1944. El hallazgo equivale a casi 11 kilos de proyectil sin detonar por cada uno de los 51 vecinos censados.
