La programación resulta difícil de leer, probar y mantener, y solo un puñado de personas comprende cualquier proyecto software. Este artículo sostiene que el auge de los grandes modelos de lenguaje (LLM) no es la solución, sino un síntoma de que la programación se ha vuelto insoportable: stacks en conflicto, boilerplate interminable y librerías pesadas han reducido al desarrollador a pegar piezas, no a crear código interesante. Aun así, los LLM mantienen problemas serios: son destructivos con el medio ambiente, se entrenan con código ajeno, producen resultados incoherentes y generan dependencia cognitiva en los usuarios, por lo que la autora propone otra vía.
La primera palanca es la documentación, pero invertida: en lugar de escribir código y añadirle comentarios, se escribe primero la documentación y, sobre ella, se "teje" el código. Es el enfoque de la programación letrada, y la herramienta Entangled lo implementa como un tejedor bidireccional rápido que sincroniza bloques de código dentro del texto sin renunciar al formateado, las pruebas o el refactor habituales.
La segunda palanca es abolir el código como interfaz obligatoria. Los terminales eran consecuencia del hardware de hace cuarenta años; hoy existen interfaces gráficas, IDEs y lenguajes visuales que permiten razonar sobre el software de forma más rica y cercana a la mente humana. El objetivo es que la programación visual sea tan ubicua que cualquiera pueda crear lo que necesite sin aprender sintaxis, sin eliminar el código para quienes sí lo prefieren, pero dejando de ser la única opción. El artículo advierte, además, sobre la necesidad de cuidar la accesibilidad para personas con discapacidad visual en estos entornos gráficos.
