En un ensayo publicado en su blog personal nik.art, el autor reflexiona sobre la relación que mantenemos con los sueños que nunca llegaremos a vivir y propone, como vía de salida, hacer las paces con ellos en lugar de alimentar el rencor o la frustración crónica.
La pieza arranca con una anécdota personal. Hace quince años, su traumatólogo le prohibió practicar deportes de impacto para las rodillas —"como el tenis, el esquí o, por ejemplo, el snowboard"—. Desde entonces asume que nunca será un gran snowboarder. Reconoce haber sentido una rabia genuina durante un tiempo ("¡Cómo se atreve la vida a quitarme esto!") e incluso haber fantaseado con la idea de rehabilitar sus rodillas a fuerza de voluntad para intentarlo igualmente. A esa frustración se suman otras aficiones que sabe inaccesibles: aprender kung fu, mejorar de forma sustancial en videojuegos, retomar su vieja afición por Yu-Gi-Oh! o alcanzar un nivel de conversación fluido en ocho idiomas adicionales.
El autor describe su vida real para poner en contexto esa lista: es autónomo, dedica la mayor parte del tiempo al trabajo y, cuando no trabaja, procura estar con su pareja, su familia o sus amigos. En las últimas semanas apenas ha logrado sacar hueco para leer, y mucho menos para hobbies secundarios. Aunque mañana le tocase la lotería, duda de que quedase tiempo material para tantísimos proyectos. Apoya la idea con una cita de la exconcursante de The Bachelor Sharleen Joynt a su marido: "Es difícil. Quiero hacer todo contigo. No hay suficiente tiempo".
El ensayo culmina con la aceptación: con el paso de los años, los vídeos de snowboard le interesan cada vez menos, su imaginación se desborda con menos frecuencia y, cuando lo hace, llega acompañada de una sonrisa en lugar de amargura. "Está bien. Déjalo en manos de otros. Tú eres escritor. Tienes cosas que hacer donde estás, y eso es suficiente", se dice a sí mismo.
La conclusión, dirigida al lector, plantea que los sueños pueden quedarse en sueños sin perder valor. Ver vídeos, leer libros o pasar tiempo con héroes a los que nunca conoceremos son formas legítimas de habitar esos universos. "Extiende una mano. Haz las paces. Solo alcanzamos a probar una pequeña muestra de todo lo que la vida ofrece, pero al elegir de forma deliberada estamos haciendo el trabajo más importante para el que vinimos", resume el autor.
