En un ensayo publicado en su blog personal, el autor reflexiona sobre una idea central: si en tiempos de Linus Torvalds bastaba con mostrar el código, hoy, cuando cualquier persona puede generar funciones con un modelo de lenguaje en segundos, lo realmente valioso es la fuente: la historia, el razonamiento y el «porqué» detrás del software. El texto parte de un ensayo de Blain Smith, «Humanities in the Machine», que sostiene que los pioneros de la informática —Tony Hoare, Ada Lovelace, Alan Turing, Edsger Dijkstra, Grace Hopper, Dennis Ritchie, Brian Kernighan y Richard Stallman— no eran únicamente ingenieros: estudiaron filosofía, letras o escribieron ensayos a mano, y sus contribuciones (quicksort, el algoritmo de camino más corto, el lenguaje C, Unix, los compiladores legibles, el software libre) siguen vigentes décadas después. Frente a esto, el autor constata que el ecosistema actual de formación técnica apenas recomienda leer fuera de la programación, y que buena parte de la tecnología contemporánea (redes sociales, algoritmos de recomendación, apps adictivas) se construye sin formación en ética, psicología o escritura clara. La conclusión operativa es modesta: no hace falta un grado en filosofía, sino leer libros, ensayos e historia, y aplicar esa mirada crítica al decidir qué se construye, no solo cómo se construye técnicamente. El artículo incluye además una hoja de ruta con enlaces a cada figura citada y a recursos complementarios como la charla de Randall Koutnik sobre la carrera del desarrollador y el ensayo «Taste is all that's left».
