La malabsorción de fructosa, presente en entre el 40% y el 60% de la población española, provoca síntomas digestivos como hinchazón, gases y diarrea al no poder el intestino absorber este azúcar natural. La nutricionista Ana Mulero explica que este proceso ocurre porque los transportadores de fructosa en el intestino delgado están saturados, impidiendo su paso a la sangre y provocando fermentación en el colon. A diferencia de la intolerancia, que implica una reacción alérgica, la malabsorción es un defecto funcional de absorción. Para gestionar esta condición, es crucial distinguir entre el tipo de fruta y la cantidad consumida. Las frutas que suelen tolerarse mejor son la naranja, mandarina, kiwi, fresas, frambuesas, arándanos, piña, papaya y plátano, siempre que se consuman en raciones normales (aproximadamente 100 a 250 gramos). Las frutas que contienen más fructosa y sorbitol, como la manzana, pera, cerezas, mango, sandía y higos, deben limitarse o evitarse inicialmente. Además, se deben controlar alimentos como la miel, sirope de agave, zumos concentrados y productos con jarabe de glucosa-fructosa. La recomendación experta es realizar una fase de exclusión temporal de los alimentos más problemáticos para identificar el umbral personal de tolerancia, y luego reintroducirlos gradualmente bajo supervisión de un dietista-nutricionista.
