En la localidad de Treigny, en los bosques de Borgoña (Francia), el proyecto Guédelon levanta desde 1997 una fortaleza medieval construida exclusivamente con técnicas y materiales del siglo XIII, sin maquinaria moderna, cemento ni hierro industrial. La iniciativa fue impulsada por Michel Guyot, propietario del castillo de Saint-Fargeau, y Maryline Martin, tras unos trabajos de arqueología preventiva que descubrieron cimientos medievales ocultos. Junto a un equipo multidisciplinar encabezado por el arquitecto Jacques Moulin, eligieron una cantera abandonada que proporciona arenisca, arcilla, madera y agua para la obra.
La filosofía del proyecto es la arqueología experimental: unos cincuenta artesanos (canteros, carpinteros, leñadores, herreros, tejeros, cordeleros y tintoreros) verifican hipótesis históricas levantando el castillo paso a paso y forjando a mano cada herramienta. Esta práctica ha permitido redescubrir técnicas olvidadas, como la elaboración de morteros de cal y arena o la talla de piedra, y sus carpinteros han participado incluso en la reconstrucción de Notre-Dame.
La narrativa del castillo gira en torno a un señor feudal ficticio, Guilbert Courtenay, y la construcción se sitúa en 1229, siguiendo el estilo filipense de la época de Felipe Augusto. El diseño contempla seis torres, camino de ronda, capilla, residencia señorial y un molino de agua funcional. El enclave se autofinancia con la visita de unos 300.000 turistas anuales —es el tercer monumento más visitado de la región— y ofrece programas escolares para difundir la vida feudal. La finalización total está prevista para alrededor de 2030.
