Google ha presentado esta semana ATLAS (Activity, Task, Landscape, and Adoption Study), el estudio a gran escala más ambicioso realizado hasta la fecha sobre el uso real de la inteligencia artificial por parte de la población mundial. El informe, publicado por Google Research, se basa en 15 millones de interacciones humanas con IA anonimizadas en la aplicación Gemini, el modo AI y la API de Gemini, plataformas que en conjunto superan los 1.000 millones de usuarios mensuales. Los datos abarcan más de 150 países, 140 idiomas, 800 ocupaciones y 4.000 tareas distintas, lo que convierte a ATLAS en la mirada más completa jamás realizada sobre cómo personas reales utilizan la IA a escala global.
El hallazgo principal del estudio contradice las previsiones más alarmistas sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral. Según los datos de ATLAS, la adopción de IA en el trabajo es amplia pero superficial: aunque atraviesa todos los sectores industriales y alcanza al 68% de las ocupaciones que representan el 90% del empleo total en Estados Unidos, en un puesto típico la IA solo se utiliza para alrededor del 21% de las tareas. La mayoría de las interacciones laborales se centran en usos colaborativos como ideación, estrategia, búsqueda de información y aprendizaje, mientras que menos del 10% automatiza tareas por completo. Las actividades cognitivas no rutinarias, como el diseño creativo y la prueba de hipótesis, aparecen en las interacciones con IA a una tasa del 65%, muy por encima del 35% que representan en la economía en general.
Otro de los descubrimientos más llamativos es que el uso de la IA no se limita al trabajo intelectual tradicional. Trabajadores de oficios manuales y técnicos, como mecánicos de automóviles o mecánicos industriales, están empleando la IA como colaborador en tiempo real para diagnóstico de averías, resolución de problemas eléctricos e interpretación de resultados de pruebas complejas. Cuando estos profesionales usan las herramientas de Google, tienen el doble de probabilidades de recurrir a funciones multimodales, como la generación de imágenes o vídeo.
En el ámbito doméstico, los resultados son igualmente reveladores. Más del 86% de las interacciones con herramientas de IA registradas en ATLAS ocurren fuera del entorno laboral, y buena parte de ellas se destina a actividades que las métricas económicas convencionales no captan, como la investigación de compras, el manejo de electrodomésticos o la navegación por servicios administrativos complejos (impuestos, licencias, multas). Google subraya que este valor generado en el hogar queda fuera de los indicadores tradicionales de productividad.
En cuanto a la distribución geográfica, el estudio muestra que el uso de la IA se ha difundido globalmente y alcanza al 99% de la población mundial, pero su adopción per cápita refleja en gran medida el nivel de riqueza de cada país, lo que plantea preocupaciones sobre una brecha digital persistente. No obstante, existen excepciones notables: varios países de ingresos medios en América del Sur y Oriente Medio están adoptando la IA a ritmos comparables a los de naciones más ricas. El inglés representa apenas un tercio de las conversaciones globales con IA, y los usuarios no abandonan sistemáticamente su idioma nativo ni siquiera para tareas complejas.
La metodología de ATLAS se apoya en OCTO (Observation Clustering and Taxonomy Organisation), una herramienta desarrollada por Google DeepMind capaz de transformar enormes volúmenes de texto no estructurado, como conversaciones con modelos de lenguaje, en entidades organizadas. El estudio incorpora además múltiples capas de protección de privacidad, incluyendo la eliminación de información personal identificable, referencias a datos sensibles y cualquier vínculo entre los datos anonimizados y los registros originales de usuarios.
El informe llega en un momento de debate intenso sobre el futuro del trabajo ante la inteligencia artificial. La cobertura de Ars Technica destaca que el equipo de Google "no encontró evidencia que respalde las afirmaciones de que la IA esté a punto de causar una automatización masiva y el desplazamiento del trabajo de oficina", en contraste con las tesis más catastrofistas defendidas por algunos directivos del sector. El estudio contó con la contribución académica de Diane Coyle, de la Universidad de Cambridge, y David Autor, del MIT, dos voces reconocidas en economía laboral.
Google ha anunciado que ATLAS será un proyecto a largo plazo dentro de su AI & Economy Research Program, y que versiones futuras incorporarán productos adicionales como Google Workspace, Google Translate, AI Overviews, Gemini for Google Cloud y Gemini Enterprise, así como capacidades frontera en áreas como programación agéntica y modelos del mundo. La compañía confía en que el estudio proporcione una comprensión más precisa de la transformación económica impulsada por la IA y resulte útil para investigadores, responsables políticos, empresas y trabajadores.
Por ahora, ATLAS ofrece una fotografía temprana de un paisaje en rápida evolución: la IA ya está presente en el trabajo y en el hogar de miles de millones de personas, pero su uso real dista mucho de la automatización total que algunos pronostican. La colaboración, el aprendizaje y el apoyo cognitivo dominan los patrones de uso, mientras que los efectos económicos reales, especialmente los que se generan fuera del mercado laboral formal, podrían ser más amplios de lo que sugieren las estadísticas tradicionales.
